3 de junio de 2015

Compositores ilustres (XXII): W. A. Mozart

Siguiendo la estela de los músicos clásicos, hoy os presentamos a quien quizá sea el mayor genio de la música clásica de todos los tiempos: Wolfang Amadeus Mozart.

Mozart nació en Salzburgo (Austria) en 1756. Fue bautizado con el nombre de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart. Sus padres fueron Leopold Mozart y Ana María Pertl quienes tuvieron siete hijos a pesar de que sólo dos llegaron a la edad adulta: Wolfgang y Nannerl. Su madre Ana María, de salud un tanto enfermiza, falleció en 1778 en París cuando acompañaba a su hijo en uno de sus viajes. Su padre Leopold era un violinista, profesor y segundo compositor de cámara de la corte en Salzburgo. Fue él quien impulsó a Mozart en el estudio de la música. Tal y como cuenta la historia, con tan sólo cuatro años Mozart era capaz de interpretar y componer al clave algunas obras sencillas, a los seis tocaba con destreza el clavecín y el violín y a los ocho escribió su primera sinfonía. Mozart tenía una gran habilidad para leer a primera vista, tenía una memoria prodigiosa y una asombrosa capacidad para improvisar. 

Dados sus evidentes dotes musicales, Leopold comenzó a llevar a sus hijos Wolfgang y Nannerl (también música talentosa) por las cortes europeas exhibiendo su virtuosismo. Al mismo tiempo Mozart recibía clase de los mejores maestros del momento que eran pagados por Leopold: Johann Christian Bach o el Padre Martini fueron algunos de ellos. Mozart viajó por Münich, Frankfurt, París o Londres hasta cumplir los diez años. Estos viajes eran largos (a menudo estaban más de un año fuera de casa), fatigosos (las condiciones de viaje era penosas) y peligrosos (tanto Mozart como Leopold y Nannerl estuvieron enfermos más de una vez).

El gran éxito de sus composiciones le llevó a cosechar una gran fama por toda Europa. A los diecisiete años fue contratado por el arzobispo de Salzburgo pero ocho años después, debido a fuertes discusiones con éste, decide abandonar su protección para comenzar su trayectoria artística por sus propios medios. Esta decisión convierte a Mozart en el primer compositor relevante de la historia de la música que intentó (con más o menos éxito) establecer su carrera musical de manera independiente. 

Viena en 1760
Tras buscar trabajo en diferentes ciudades europeas, Mozart decide establecerse en Viena, la gran capital de la música. Aquí desarrollaría el período maduro de su carrera desarrollando un estilo que superaba con creces el estilo predominante hasta el momento, creando melodías y sonidos que jamás antes se habían escuchado. 

Contrajo matrimonio en Viena en 1782 con Constanze Weber sin el consentimiento de su padre Leopold quien creía que la familia Weber quería aprovecharse de su fama. A pesar de que estas sospechas estaban parcialmente infundadas, especialmente en el caso de la madre de Constanze, la historia nos muestra que ésta estaba realmente enamorada de Mozart con quien permaneció hasta el final. 

La situación económica del matrimonio pasó por momentos buenos pero sobre todo por estrecheces, especialmente hacia el final de la vida de Mozart debido por un lado al bajo sueldo que percibía y a los grandes gastos que tenía por otro. Esto le llevó a tener que empeñar casi todos sus bienes, irse a vivir a una casa menos lujosa y a pedir prestado dinero repetidas veces a amigos y conocidos. 

A veces la historia describe a Mozart con una personalidad infantil y demasiado juerguista. Le gustaba el humor escatológico (escribió por ejemplo un canon titulado “Bésame el culo”), tenía un perro, un caballo, un canario y un estornino y disfrutaba jugando al billar o bailando si bien la mayor parte del tiempo lo ocupaba componiendo con una energía desmesurada y a un ritmo increíble para poder cumplir los plazos de contrato. Sus bocetos y composiciones apenas tienen tachones lo cual refleja su asombrosa fluidez de ingenio.

Durante los últimos años de su vida, los vieneses fueron perdiendo el interés por la música de Mozart debido a la llegada de otros intérpretes con estilos más desarrollados y debido a la crisis económica y política que en ese momento sufría Austria. Es posible que durante esta época Mozart sufriera de depresión.

Antonio Salieri
Pocos meses antes de fallecer, Mozart recibe el encargo de una misa de réquiem por un “mensajero gris”, disfrazado y con el rostro oculto. Tal mensajero era un emisario del conde de Walssegg – Stuppach que pretendía un réquiem para su mujer recién fallecida para y posteriormente atribuirse la autoría de la obra. Mozart comienza a escribirla al mismo tiempo que su salud comienza a decaer por lo que llegó a obsesionarse con la idea de que ese réquiem iba a ser para su muerte. 

Mozart falleció finalmente en 1791 tras una fiebre reumática que le imposibilitó componer en sus últimos días. En el momento de su fallecimiento tenía a los pies de su cama las partituras del grandioso réquiem que en ese momento estaba trabajando. 

Con el paso de los años su muerte adoptó un halo romántico y casi legendario. Se ha especulado que Mozart fuera envenenado pero no hay suficientes argumentos como para demostrarlo. También se atribuyó a Antonio Salieri la finalización del Réquiem lo cual parece improbable dada la respetuosa rivalidad que existía entre ellos. Otras fuentes indican que Constanze pidió a un amigo compositor de Mozart llamado Süssmayr que lo finalizara él para poder cobrar al menos la mitad del encargo que tanto necesitaba para mantener a su familia (Mozart y Constanze tuvieron siete hijos si bien solo sobrevivieron dos a la edad adulta). 

El funeral tuvo lugar en la Catedral de San Esteban y el sepelio en el cementerio existente a las afueras de la ciudad. Su cuerpo fue amortajado según el ritual masónico y fue enterrado en una tumba comunitaria simple tal y como era habitual en las personas de la burguesía media vienesas. A pesar de que asistió muy poca gente a su funeral, su reputación se incrementó en Viena con el paso de los años tanto que los editores musicales compitieron por publicar sus obras. 

A pesar de su corta vida (35 años), Mozart es uno de los músicos más prolíficos de la historia ya que se le atribuyen unas 655 obras que abarcan además todos los géneros musicales del momento: óperas, sinfonías, piezas para coro, piezas de cámara (cuartetos y quintetos de cuerda), conciertos, misas, danzas, marchas, motetes, divertimientos, serenatas, corales y pequeñas canciones. A modo de curiosidad, hace apenas tres años fue descubierta en un desván del Tirol otra pequeña obra de 84 compases compuesta por Mozart hacia 1767 que hasta el momento había permanecido oculta. 

Representación de La Flauta Mágica
Aunque Mozart fue un gran pianista (revolucionó el mundo del teclado hacia el gran virtuosismo), su género preferido fueron las óperas (escribió nada menos que 23). Algunas de las más famosas fueron Las bodas de Fígaro, Don Giovanni, El rapto en el serrallo o La flauta mágica. Ésta última fue estrenada por Mozart apenas dos meses antes de su muerte en el teatro de su gran amigo, hermano masón y empresario teatral Emanuel Schikaneder. En este momento de sus vidas ambos amigos sufrían graves apuros económicos por lo que decidieron representar una obra que tuviera gran acogida y que les reportara beneficios. Para desgracia de Mozart y Schikaneder, la obra no fue bien valorada en el momento de su estreno. A pesar de ello, esta grandísima ópera es una de las obras más representadas en la actualidad. 

Todavía hoy la temática de La Flauta Mágica resulta muy controvertida. En donde algunos ven poco más que un cuento de hadas, otros ven una clara simbología masónica presente en muchos detalles de la obra. En el momento del estreno de la ópera, la logia había sido recién prohibida por el Emperador José II por lo que Mozart podría haber utilizado su música para hacer una propaganda sutil de las ideas masónicas. 

La música de La Flauta Mágica es sublime y algunas de sus melodías muy conocidas como por ejemplo el dúo de Papageno y Papagena, el aria de la Reina de la Noche (que implica un virtuosismo vocal insospechado) o el aria del príncipe Tamino. 


Toda la música de Mozart ejerció una gran influencia en los compositores posteriores, sobre todo en Beethoven quien continuaría su estilo clásico pero con un estilo propio e igualmente sublime.

La prematura muerte de Wolfgang A. Mozart coartó su gran genialidad pero dejó en un legado inconmensurable. Su música y figura es recordada continuamente, especialmente en Austria, en donde es todo un símbolo nacional. 

“No debemos perder la fe en la humanidad sabiendo que Mozart fue un hombre”
(Albert Einstein)


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