17 de noviembre de 2014

Compositores ilustres (XVIII): Antonio Vivaldi

Antonio Vivaldi es sinónimo de genialidad. No en vano, en su época fue considerado como el mejor músico de toda Italia siendo además un gran virtuoso en el manejo del violín. Charles de Brosses, magistrado, lingüista y erudito francés diría de él: “¡Le he oído presumir de haber compuesto un concierto tan deprisa que el copista no podía alcanzar a escribirlo!”. Fue impulsor y miembro de lo que más tarde se llamaría Escuela Veneciana y de la que también formarían parte otros importantes compositores como Tomaso Albinoni o Alessandro Marcello. Hoy, en Compositores Ilustres, os presentamos a este gran artista del barroco.

Antonio Luca Vivaldi nació en 1678 en el poderoso estado de Venecia. Con edad temprana se inició en el estudio de la música y en particular del violín, instrumento inculcado por su padre violinista Giovanni Battista Vivaldi. Se ordenó sacerdote en 1703 pero tuvo que renunciar a celebrar misa debido a una enfermedad respiratoria, posiblemente asma. Él mismo lo expresa en una de sus cartas: “después de haber sido ordenado sacerdote, dije misa durante un año, pero posteriormente decidí no volver a decirla por haber tenido en tres ocasiones que abandonar el altar antes de concluir el sacrificio a causa de mi enfermedad. Por esta razón vivo casi siempre en interiores y nuca salgo si no es en góndola o carruaje, ya que no puedo caminar sin sentir dolor y opresión en el pecho”.

Existía una leyenda que quizá tenga parte de verdad y parte de invención que decía que Vivaldi fingía su enfermedad para poder dedicarse exclusivamente a la música. Y que, en algunas ocasiones, si se le ocurría una melodía mientras celebraba misa, abandonaba el oficio y corría a la sacristía para anotar su inspiración. 

Lo cierto es que su dedicación a la música en menoscabo de sus responsabilidades clericales provocó en más de una ocasión una llamada de atención por parte de las autoridades eclesiásticas que veían en Vivaldi a un sacerdote de moral laxa que desatendía en demasía sus obligaciones religiosas. Sus superiores no estaban mal informados ya que sabían que Vivaldi mantenía una relación amorosa con una cantante llamada Ana Giraud. Esta mujer que participó como solista en varias de sus óperas, le acompañaría hasta el último día de su muerte. 

En ese mismo año de 1703, Vivaldi, que ya era conocido con el sobrenombre de “il petre rosso” (el padre pelirrojo) dado que era muy pelirrojo, comienza a impartir clases de violín en el conservatorio de un orfanato de muchachas en donde formó una pequeña orquesta femenina (el orfanato sigue funcionando en la actualidad). Las primeras composiciones estrenadas por dicho grupo musical, le valieron para adquirir prestigio y notoriedad en los círculos musicales venecianos de la época. Los ecos de su popularidad llegarían por otros lugares de Europa.

Las sonatas compuestas por Vivaldi o los pasajes solistas de gran dificultad técnica de algunos de sus conciertos dan fe de su experimentado virtuosismo con el violín. Sus méritos le convirtieron en un músico solicitado para la composición de conciertos, sonatas, sinfonías u óperas (éste último era el género musical que más beneficios económicos aportaba en la época). En 1713 Vivaldi se convirtió en empresario musical y viajaba por toda Italia asistiendo a las representaciones de sus óperas.

Carlos VI
Después de que su fama alcanzara gran reputación en toda Europa, su música comenzó a ser repetitiva para el público veneciano que buscaba armonías diferentes. Así pues, Vivaldi decidió viajar en 1741 a Viena en donde fue contratado por el emperador Carlos VI quien le nombró caballero. Desgraciadamente, tan sólo un mes después de su llegada a la capital austriaca Vivaldi fallecía pobre y olvidado en un país diferente al que le había visto crecer y prosperar. Fue enterrado en una fosa común. 

Al igual que le ocurrió a J. S. Bach, tras la muerte de Vivaldi su música cayó en el olvido. No fue hasta el siglo XIX cuando, precisamente con el surgimiento de la música de Bach, se encuentran varias transcripciones copiadas por éste pero pertenecientes a un tal A. L. Vivaldi. A partir de ahí se comienza a estudiar quién era este autor que el paso del tiempo había condenado al olvido. Es probable que Bach apreciara mucho la música de Vivaldi, de ahí que transcribiera su música en sus primeros años de formación. De hecho, las partituras de algunos conciertos y sonatas de Vivaldi solo se conservan actualmente a partir de las copias realizadas por el propio Bach.

Vivaldi desarrolló la música barroca en Italia, asentó la estructura clásica del concierto solista y asombró al mundo con su técnica violinista al punto de que su trabajo fue decisivo para evolucionar la técnica del manejo del arco por ejemplo.

Fue un compositor prolífico ya que se conocen más de 811 obras suyas, entre ellas, sonatas (85), conciertos (529), sinfonías (19), óperas (55), obras vocales sacras (72), obras vocales profanas (51), etcétera. Compuso, entre muchas otras obras, la música para las bodas del rey francés Luis XV y la ópera Arsilda Regina di Ponto que fue censurada en un principio por, supuestamente, tener contenidos lésbicos. La gran mayoría de sus obras, sin embargo, no tienen fecha y aún no han sido catalogadas.


Su obra más conocida actualmente es Las cuatro estaciones, cuatro conciertos para violín y orquesta que representan un homenaje a la naturaleza y a la vida. Es uno de los conciertos más grabados e interpretados de la historia de la música. Como la primavera es el concierto más conocido entre todos ellos, os dejamos a continuación un extracto del concierto de otoño para ir acorde a estas fechas. ¡Esperamos que os haya gustado!





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