22 de julio de 2014

Compositores ilustres (XV): Claudio Monteverdi

Con Claudio Monteverdi abrimos hoy la gran época barroca, prolífica en artistas y nuevos géneros musicales que inundarían la música europea de los siglos XVII y XVIII. Las nuevas tendencias musicales fueron dominadas en gran parte por los compositores italianos que supieron exportar su música a otros países en donde ésta fue desarrollada y personalizada. La orquesta y la música instrumental adquirieron un estatus de relevancia (impulsada sobre todo por el nacimiento de la ópera) que nunca antes habían gozado. Las innovaciones técnicas y conceptuales de la música barroca primaban el sentimiento y la melodía frente a la solemnidad de la última música renacentista. 

A Claudio Monteverdi se le considera un compositor de transición a caballo entre dos épocas como fueron el Renacimiento y el Barroco. Gran parte de su producción musical (como sus célebres madrigales, por ejemplo) aún mantuvieron el estilo conservador, pero ciertamente, poco tienen que ver estos madrigales con otras obras compuestas al final de su vida en donde ya se trasluce el esplendor de una música puramente barroca. 

Monteverdi nació en Cremona en 1567 en una familia humilde. Recibió las primeras lecciones de música a través del maestro de la catedral Marco Antonio Ingegneri quien percibió un gran talento en el joven Monteverdi. La genialidad de este compositor se manifiesta en el hecho de que con sólo quince años ya comenzaba a publicar pequeñas obras y madrigales dominando las técnicas de la composición, la viola de gamba y el canto.

Dado su virtuosismo en la interpretación de la viola de gamba, el duque de Mantua decide en 1592 contratarle para su corte, una de las más prósperas de Italia. Monteverdi además de componer abundante música para los actos de la corte, viajó por parte de Europa (Austria, Hungría, Flandes…) con motivo de las guerras contra los turcos en las que el duque de Mantua participaba. 

En 1599 Monteverdi conoce a Claudia de Cattaneo, hija de uno de sus compañeros del grupo de cuerda de la corte, con quien se casaría tiempo después pero que moriría tan solo ocho años más tarde dejando viudo al compositor. Es en este momento cuando estrena su gran ópera Orfeo que, si bien no es la primera ópera de la historia, sí está considerada como tal. La música que Monteverdi genialmente compuso para este mito griego entre Orfeo y Euridice le catapultaría a la gloria, a la fama entre los grandes músicos de la época. Pero es más, con Orfeo Monteverdi consigue imponer el nuevo género de la ópera otorgándole un carácter culto, al mismo nivel que otros estilos ya consolidados en el momento. Monteverdi realizó un gran cambio en la mentalidad de entonces: cambia la polifonía grandilocuente del renacimiento por la presentación de una sola línea melódica acompañada por un bajo continuo. Había nacido el barroco.

Tanto en Orfeo como en otras óperas, Monteverdi trata de expresar el sentimiento más hondo a través de los múltiples recursos que le ofrece la técnica musical del momento: los cromatismos, la orquestación, la ambientación…, algunos de ellos tomados de los madrigales. Fe de ello da la célebre frase que dejó para la historia: “el fin de toda música buena es conmover el alma”.

En 1612 el duque de Mantua muere, por lo que Monteverdi debe buscar suerte en otro lugar. Tan sólo un año más tarde consigue el apreciado puesto de director en la catedral de San Marcos de Venecia en donde desarrollaría gran parte de su obra sacra y operística, si bien ésta no se conserva en su totalidad.

En 1630 Monteverdi se ordena sacerdote, aunque esto no le impide seguir trabajando y componiendo como maestro de la catedral. En 1637 cuando contaba con más setenta años, se abre al público en Venecia el primer teatro para el gran público en donde, entre otras cosas, se representan sus óperas. De nuevo, este un cambio insólito. Ya no se canta o se toca únicamente para los grandes aristócratas o para las ceremonias religiosas, tal y como venía ocurriendo desde hacía siglos, sino que ahora la música también es accesible para el pueblo, para la clase media.

El 29 de noviembre de 1643 Claudio Monteverdi fallecía en Venecia legando a los músicos venideros una música digna de su genialidad (se conocen más de 254 obras). Su influencia es clara y patente durante las siguientes décadas pues con su trabajo establece las bases para la música barroca y para el gran género de la ópera.


Esperemos que os haya gustado esta nueva entrada de la serie Compositores ilustres. En menos de un mes llegará la siguiente. ¡Buen día!

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